A MODO DE INTRODUCIÓN

A MODO DE INTRODUCCIÓN

Alguna vez leí la frase "piedra que corre, no coge moho". Se refiere por supuesto a que si una persona cambia constantemente, pues le es difícil crecer como persona.
Honestamente creo que está errada. Claro que la piedra que corre coge moho y flores y escupitajos y cosas que ni te imaginas.
Soy originaria del Perú, he vivido cinco años en Francia, durante los años 80, diez en Finlandia y ahora me encuentro en Filipinas (¿Se han dado cuenta que vivo en países que empiezan con "f"? ¿Qué me tocará luego? ¿Fiyi?) Creo que eso me da autoridad para decir que los viajes sí que te hacen crecer como persona, por lo menos te dan una actitud zen necesaria para soportar esas diferencias culturales que te hacen ver la vida a cuadritos. Y aunque acepto que directamente los viajes no influencian en mi obra, sí que tienen una gran influencia en mi vida y por consiguiente en la manera como veo las cosas.

Las partes de este blog serán por ahora 4. La primera serán las nuevas cartas finlandesas (así las tendré todas en orden), la segunda "Chica cosmo" que hablará de viajes y choques culturales en general. Luego pretendo escribir “Una Latinoamericana en París” En donde obviamente contaré mis experiencias viviendo en esa ciudad y también incluiré lo que vivo ahora en Filipinas, que me he animado a titula "Dónde vas con mantón de Manila", una frase de "La verbena de la Paloma" (Para que vean qué culta soy) . Quizá luego me anime a escribir lo vivido al regresar a Perú, luego de mis años parisinos. Porque vuelvo a repetir que los viajes te cambian y ves en tu propia cultura, lo que antes no veías.
No pretendo dar clases de comunicación intercultural en este blog, solo compartir mis experiencias, de manera amena, porque es mejor reír que llorar en ciertos momentos de la vida. Y si de cuando en cuando caigo en estereotipos, pues pido disculpas. Espero que lo disfruten.

lunes, 21 de mayo de 2012

CHICA COSMO 5: LA HISTORIA DE UN PATO PEQUINÉS CON COLOFÓN DEL TÉ MÁS CARO DEL MUNDO

El 2008, decidimos con mi marido hacer algo diferente para año nuevo y nos fuimos a Pekín. Nos sorprendió lo barato de los pasajes. El día de año nuevo, luego de la cena y cuando todo se encontraba cerrado a las 11 de la noche, comprendimos porqué. No es que los chinos no celebren el año nuevo occidental, es que no es la fiesta más importante para ellos. Por supuesto la gran fiesta se celebra meses después, con el año nuevo chino. Definitivamente muchos de los países de Asia, no son las opciones más divertidas para celebrar el año nuevo del calendario gregoriano.
                      Sin embargo fue un viaje bastante agradable: comida rica y barata, sedas y perlas a montones (y poco me importa de que hayan sido baratas porque eran “perlas de río”, por mí aunque fueran perlas de bañera) y la famosa ciudad prohibida. Por supuesto que los encontrones interculturales no faltaron.
                      Ya que estábamos en Pekín  TENÍAMOS que probar el famoso pato pekinés. Fuimos pues a un restaurante especializado en el plato. Pedimos muy orondos nuestro pato entero y esperamos. Vimos que otras personas  —locales— pedían muchas más cosas y nos reímos de ellos ¡Qué escándalo! ¡Van a comerse un pato entero y antes de eso se piden la mitad de la carta! y esperamos. Los vecinos —locales— se deleitaban con entraditas coloridas y nosotros seguíamos esperando. Una hora después yo estaba al borde de convertirme en caníbal. Debo confesar que fuimos al restaurante con mucha hambre, pues habíamos estado correteando mercados artesanales. Y cuando uno tiene mucha hambre, la espera desespera. Y los que me conocen, saben que tener paciencia no está entre mis cualidades.
                      Llegó un momento en el que estaba casi decidida a levantarme e irme a comer al primer Mac Donald que encontrara en el camino. Mientras tanto eran nuestros locales vecinos quienes a su turno se reían de nuestros rostros de inanición, mientras esperaban felices a que les llegara su pato, ¡total! Tenían aún bastantes entraditas coloridas para esperar sin desesperar.  Llegó su pato y por suerte para ellos (porque ya estaba elucubrando macabros planes para robarles el maldito animal) quince minutos después llegó el nuestro, recién rostizado, todo doradito y perfumado. Ya me iba a abalanzar a devorarlo, pero el “chef” no me lo permitió, él mismo lo cortó y me sirvió con mucha ceremonia los primeros pedazos... la cabeza partida por la mitad y la grasa y pellejo del pecho.
                      Confieso que en esos momentos casi me puse a llorar ¿Eso es todo? ¿Tanto he esperado para que me sirvan la cabeza (¡El pato me saca la lengua!) y pura grasa? ¡Dame la carne del pato, chinito del demonio! Tenía tanta hambre que me empecé a comer la grasa... la cabeza no la pude ni tocar. Felizmente para mí, luego vino la carne, en unos panquequitos muy lindos, preparados con mucho esmero con unas salsas especiales y verduritas en juliana... yo me los tragaba de un bocado y ni le dejaba al chef preparar más panquequitos, me los hacía yo misma porque él tardaba mucho ¡Había esperado hora y media para que me traigan el pato y  además el tío que se ponía a hacer los panquequitos como si fueran obras de arte! Yo supongo que le habré parecido una extranjera vulgar y con un mal gusto culinario (porque no me comí la cabeza y si me la sirvió con tanta ceremonia, supongo que es porque se debe considerar lo más exquisito del animal). ¡Qué se le va a hacer! Cuando el hambre aprieta... lo que menos quieres es que te digan cómo hacer panquequitos rellenos de pato. Jamás como ese día ha tenido para mí sentido el famoso dicho “al país donde fueres, haz lo que vieres”. Nosotros pensábamos que nuestros vecinos eran unos cerdos por pedir tanta comida y simplemente ellos sabían bien que había que esperar mucho para preparar el pato pekinés y tomaron las precauciones del caso.  Porque al parecer es todo un proceso preparar el famoso manjar. Para que lo recuerdes, te entregan luego de pagar la cuenta una tarjeta numerada... lo que no me queda claro es si es el número del pato... (Felicitaciones, se ha comido el pato número mil) o de los minutos que esperas para comer (Felicitaciones, ha esperado 345 mil minutos para comerse su pato, un nuevo récord!)
                      No fue el único encontronazo que nos dimos. Un día decidimos ir a una casa de té. Ya que estábamos en el país del té...
                      Una preciosa niña nos inició en la ceremonia china del té. No es tan sofisticada como la japonesa, pero tiene su gracia. Nos sirvió tres tipos diferentes de té, cada uno más delicioso que el otro. Yo siempre he dicho he que eso de no echarle azúcar al té es una gran mentira. Claro, para los plebeyos tés que tomamos en occidente. Los tés que probé en china realmente no solo no necesitaban azúcar, es que ponerle solo unos granitos hubiera sido un sacrilegio. Sin embargo un té es un té, por más delicioso que sea ¿No es cierto? Podrán entonces suponer la cara que pusimos cuando nos dijeron que teníamos que pagar 400 euros por la gracia. ¿Cómo? Sí, y si quiere comprar uno de los tés que probó, le costará sólo 50 euros los 100 gramos. Pagamos convencidos de que nos vieron la cara de... extranjeros (Por decirlo finamente). Ya en el hotel fuimos a su “bar de té”, para quitarnos el clavo (¿Qué tan caro pude ser un té?) Y mejor no les digo los precios, tomamos uno de los más baratos, 20 dólares la taza. Pero claro, era un hotel de cinco estrellas, seguro que también tenían precios para... extranjeros.
                      Ya en Finlandia le conté mi aventura “teística” a un compañero de trabajo japonés y me dijo que no nos vieron la cara de nada, que no éramos los primeros que pensábamos que en Japón o en China había que tomar té porque seguro era muy rico y barato. Para ellos el té es una importante parte de la cultura culinaria y hay diversas variedades. Se podría comparar con lo que es el vino para los occidentales: hay vino y EL vino, que tomas en ocasiones especiales y que te cuesta el ojo de la cara. Igual el té en Asia. Inclusive este compañero de trabajo me contó que en China hay variedades de té que cuestan mucho más caras que cualquier té japonés.
                      Le conté eso a mi marido, que igual no se sintió mejor. Él sigue pensando que lo timaron porque finalmente un té es sólo un té. Puedo suponer que hay alguna cultura en el mundo que piensa que somos tontos comprado un vino caro, porque finalmente una bebida alcohólica es solo una bebida alcohólica.
                      En todo caso, si van a China en general y a Pekín en particular, les doy dos consejos.
1.- Si quieren comer pato pequinés, no vayan con mucha hambre, o en caso contrario, pídanse algunas entraditas coloridas para esperar.
2.- No se les ocurra pedir la ceremonia del té, a menos que tengan mucho dinero que gastar. Mejor es ir a comprar perlas; que un collar de perlas negras les cuesta 8 dólares (y a ese precio poco importa que sean perlas de bañera), con el vuelto, se toman un buen roiboos en el aeropuerto.

5 comentarios:

  1. Hola, me puedes pasar un pdf de tu libro La ciudad de los nictalopes, no tengo tiempo ni plata para buscarlo en mi ciudad, y yo te doy un pdf de un poemario mio para que me digas si no es literatura basura como expresaste de no se cuales en una entrevista que lei en internet. No te juzgo, solo queria que juzgues lo que escribí. Tambien soy peruano.

    ResponderEliminar
  2. Hola Daniel. Lamentablemente no puedo hacerlo porque rompería una de las clausulas del contrato que tengo con la editorial NORMA. En cuanto a la lectura que pides, en mi página web está mi mail al que puedes mandarme algo de tu trabajo si lo deseas.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Una aclaración en cuanto a lo de "poesía basura", que se puede prestar a malinterpretaciones (y tengo muchos amigos poetas a los que respeto) Cuando hablo del tema siempre lo hago como una crítica a la manera como la literatura "mainstream"califica a los géneros fantásticos y de ciencia ficción. Se les considera géneros de "sub-literatura", solo para diversión, literatura "light". Mi punto es que en literatura NO hay géneros "mayores" o "menores", que solo existe dos opciones: buena o mala literatura y que en todos los géneros se cuecen habas. Así pues, existe la posibilidad de poesía basura, no todo lo que se autodenomina "poesía" es digna de ser leída. El escribir mal no está determinado por el género, sino por el talento del autor. Alguien se atrevería a negar la poeticidad en las obras de Bradbury, por ejemplo? Sus cuentos simplemente SON literatura, sin importar el género.

      Eliminar
  3. Hola Tanya, en tu pagina web no he podido encontrar tu email, hallé un link para facebook y otro para twitter.

    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Busca en la página que dice contacto, el mail está bien en grande :-)

      Eliminar