A MODO DE INTRODUCIÓN

A MODO DE INTRODUCCIÓN

Alguna vez leí la frase "piedra que corre, no coge moho". Se refiere por supuesto a que si una persona cambia constantemente, pues le es difícil crecer como persona.
Honestamente creo que está errada. Claro que la piedra que corre coge moho y flores y escupitajos y cosas que ni te imaginas.
Soy originaria del Perú, he vivido cinco años en Francia, durante los años 80, diez en Finlandia y ahora me encuentro en Filipinas (¿Se han dado cuenta que vivo en países que empiezan con "f"? ¿Qué me tocará luego? ¿Fiyi?) Creo que eso me da autoridad para decir que los viajes sí que te hacen crecer como persona, por lo menos te dan una actitud zen necesaria para soportar esas diferencias culturales que te hacen ver la vida a cuadritos. Y aunque acepto que directamente los viajes no influencian en mi obra, sí que tienen una gran influencia en mi vida y por consiguiente en la manera como veo las cosas.

Las partes de este blog serán por ahora 4. La primera serán las nuevas cartas finlandesas (así las tendré todas en orden), la segunda "Chica cosmo" que hablará de viajes y choques culturales en general. Luego pretendo escribir “Una Latinoamericana en París” En donde obviamente contaré mis experiencias viviendo en esa ciudad y también incluiré lo que vivo ahora en Filipinas, que me he animado a titula "Dónde vas con mantón de Manila", una frase de "La verbena de la Paloma" (Para que vean qué culta soy) . Quizá luego me anime a escribir lo vivido al regresar a Perú, luego de mis años parisinos. Porque vuelvo a repetir que los viajes te cambian y ves en tu propia cultura, lo que antes no veías.
No pretendo dar clases de comunicación intercultural en este blog, solo compartir mis experiencias, de manera amena, porque es mejor reír que llorar en ciertos momentos de la vida. Y si de cuando en cuando caigo en estereotipos, pues pido disculpas. Espero que lo disfruten.

martes, 11 de enero de 2011

NUEVAS CARTAS FINLANDESAS 27: THE PATAGONIANS

Entre 1990 y 1997, la BBC presentó “The fast show”, programa que se caracterizaba por un humor bastante crítico a ciertos personajes que constituyen casi estereotipos en la sociedad moderna. Es así como entre ellos se encontraba una banda de músicos  ambulantes peruanos que sin embargo eran conocidos como “The Patagonians”. Cuando algo “salía mal” en el programa, aparecía un actor representando al director artístico y hacía llamar a los músicos, para que cubran el espacio vacío.  Por ejemplo, en un episodio una famosa cantante fue interrumpida pues al supuesto director le parecía muy mediocre su actuación y llamó a “The Patagonians” para que la remplacen… el problema es que estos músicos parecían tocar cada quién una pieza diferente con sus quenas y zampoñas pues el sonido era más bien un ruido. Si alguien se lo hacía notar al “director” del programa, él alegaba que era algo muy “cultural”.
Muy similar a esto fue el capítulo “Pandemic” del programa SouthPark. En ella el pueblo se ve invadido por músicos peruanos, los que se vuelven muy populares pues los adultos opinan que son muy “culturales” y “auténticos”. Al ver los niños que ellos consiguen mucho dinero tocando en la calle, deciden disfrazarse y ponerse a tocar. Claro, en su caso ellos tocan “Mary has a Little Lamb” con sus quenas, pero al parecer el  público adulto no nota la diferencia y les da dinero comentando lo “culturales” que son.  De más está decir que este capítulo molestó a muchos peruanos. Honestamente a mí no. En primer lugar porque al seguir la historia nos enteramos de que el secretario de seguridad nacional norteamericano ha decidido erradicar  la “pandemia” de los músicos peruanos, apresándolos como a los peores  criminales. Muy pronto aparece un cuy gigante que destruye todo a su paso. Y es que lo que nadie sabía es que la música de las quenas y zampoñas impedían el ataque de susodicho monstruo.  Esto sí lo sabía el “secretario de seguridad” cuyo plan era en realidad dominar el mundo. Entonces la moraleja de la historia, después de que los músicos son liberados y logran dominar al cuy, es que aún lo que nos parece más inútil en la sociedad, cumple una función cuya importancia quizá ni sospechamos.
La segunda razón por la cual este programa no me molestó, es que los que vivimos en Europa sabemos muy bien que muestra algunas verdades. La primera, la gran ignorancia del europeo promedio hacia lo que las culturas llamadas “exóticas” representan. Hay que explicar que aquí lo exótico, vende y llama la atención, entonces cualquiera que venga y diga que la expresión “ding, dong” es poesía en su idioma, seguro que logrará conseguirse un público. La segunda realidad es que  muchos latinoamericanos que viven aquí se aprovechan de esta ignorancia y venden gato por liebre.
Es así como vive en Finlandia un peruano que toca el arpa y se auto define como “inca”.  Poco importa que sea más blanco que la leche y que tenga uno de esos  rimbombantes apellidos españoles de los que muchos en Latinoamérica se sienten absurdamente orgullosos (esos que suenan algo así como “De la Torre Alta y De la Concha del Toro”) Yo vi el programa que un amigo colombiano le dedicó. Ojo, no fue decisión del colombiano, el jefe de la emisora televisiva lo llamó para decirle que había conocido al hombre “más interesante del mundo”. Ese programa me indignó y me dio vergüenza ajena (porque pensarán que todos los peruanos somos iguales)  Su música no tiene nada que ver con la música andina, su “cultura” está muy lejos de cualquier cultura indígena de la que tenga conocimiento. Vestía un estridente atuendo, mezcla heterogénea de todo lo que encontró en algún mercado indio. En medio de todo sobresalía (si cabe decir eso) un raro sombrero tejido al que le había puesto un gran Tumi, colgando en el centro (No sé cómo no se rompía  la frente con el artefacto) y comenzó a hacer una especie de Tai Chi que jamás le he visto realizar a nadie en mi vida. ¿De qué parte del Perú dijo que era? Para colmo comenzó a hablar de la importancia del ruido (sic) en el mundo inca (sic) cuando cualquiera que tenga una pequeña noción de culturas andinas sabe bien de la importancia del silencio  para ellos. No hay nada más calmo que un pueblito en la sierra peruana, el contraste con el ruido existente en la costa es sorprendente. Se supone que el director de una cadena de televisión debe ser una persona culta, ¿cómo pues se dejó timar por un estafador tan descarado?
 No es el único caso.  En cuanto se dan cuenta de lo popular que ser “autóctono” es en Finlandia, muchos de los que siempre negaron sus antepasados indígenas en sus propios países, se visten sin empacho con un poncho y hasta se ponen plumas en la cabeza. “The fast show” no se equivocó: podemos encontrar a “The Patagonians” en cualquier gran ciudad europea. Y si son chicos, con las plumas no les cuesta  trabajo conseguir una novia cada noche ¿Y si son chicas? pues igual. ¿No ven que son “bellamente culturales”? El colmo de colmos fue lo que pasó hace dos veranos. Como al parecer ya hay mucha competencia con la música… (ejem) …andina, algunos han encontrado otro filón: la música de los indios norteamericanos. Eso sí que es un insulto no solo para nuestras culturas, sino para la de los verdaderos indios norteamericanos.  Estos personajes se pintan la cara con las mismas pinturas que los niños usan en Halloween, se ponen un penacho digno de Gerónimo y tocan sus mismas quenas y zampoñas y bombos pero en otro ritmo y claro, no cantan, sino que hacen un sonido gutural: “How, how, how, how” y ya está. Me acerqué a la niña que vendía los discos y les pregunté de dónde eran. Me contestó en ingles “New Mexico”… luego me enteré que sí, allí compraron el vestuario de feria, que vivían en Noruega, pero que eran ecuatorianos y bolivianos. Y ya pueden suponer el éxito que tienen con sus rostros pintarrajeados de rojo, azul y verde. ¿No saben acaso que en CUALQUIER cultura que usa pintura para la cara, cada color tiene un  significado específico? ¿No comprenden que usar las cosas por usar es un insulto a una cultura? No creo que les importe. Muchos de los “Patagonians” que ya vivían en Finlandia decidieron imitarlos. Un amigo, músico serio y profesional, me contó cómo trataron de convencerlo, aludiendo a la cantidad de dinero que se conseguía al día.  Él por supuesto dijo que no.  Acepta que no le molesta ser músico callejero, pero que tiene dignidad y no va a decir o hacer algo que realmente no es. Porque hay que reconocer que algunos sí que hacen un verdadero trabajo de difusión cultural. Es el caso del grupo Zero Drama, por ejemplo. Lamentablemente no es la mayoría. El que más simplemente vio una manera de hacer dinero fácil y sin pagar impuestos. Inclusive, como los del programa inglés, ni siquiera saben tocar bien ni el bombo y mucho menos la quena. Pero eso no importa: con una pluma en la cabeza, igual convences a algunos ignorantes.
Sé que muchos peruanos, e inclusive latinoamericanos, se sintieron ofendidos con “The Patagonians” y mucho más con el programa de SouthPark. La culpa la tienen algunos de los “músicos” que viven en los Estados Unidos o en Europa, que se dan cuenta de lo fácil que es venderles cultura “light” y que así desacreditan un patrimonio de siglos. Porque al igual que no todos los músicos callejeros son en realidad timadores, tampoco todos los europeos y norteamericanos son ignorantes. Unos sí que se dan cuenta de la estafa, del uso escandaloso de ciertos estereotipos culturales que estos supuesto “músicos” hacen y claro, aprovechan para reírse de ellos.  Si queremos que respeten nuestras culturas, empecemos por respetarlas nosotros mismos. La dignidad no tiene precio.

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