A MODO DE INTRODUCIÓN

A MODO DE INTRODUCCIÓN

Alguna vez leí la frase "piedra que corre, no coge moho". Se refiere por supuesto a que si una persona cambia constantemente, pues le es difícil crecer como persona.
Honestamente creo que está errada. Claro que la piedra que corre coge moho y flores y escupitajos y cosas que ni te imaginas.
Soy originaria del Perú, he vivido cinco años en Francia, durante los años 80, diez en Finlandia y ahora me encuentro en Filipinas (¿Se han dado cuenta que vivo en países que empiezan con "f"? ¿Qué me tocará luego? ¿Fiyi?) Creo que eso me da autoridad para decir que los viajes sí que te hacen crecer como persona, por lo menos te dan una actitud zen necesaria para soportar esas diferencias culturales que te hacen ver la vida a cuadritos. Y aunque acepto que directamente los viajes no influencian en mi obra, sí que tienen una gran influencia en mi vida y por consiguiente en la manera como veo las cosas.

Las partes de este blog serán por ahora 4. La primera serán las nuevas cartas finlandesas (así las tendré todas en orden), la segunda "Chica cosmo" que hablará de viajes y choques culturales en general. Luego pretendo escribir “Una Latinoamericana en París” En donde obviamente contaré mis experiencias viviendo en esa ciudad y también incluiré lo que vivo ahora en Filipinas, que me he animado a titula "Dónde vas con mantón de Manila", una frase de "La verbena de la Paloma" (Para que vean qué culta soy) . Quizá luego me anime a escribir lo vivido al regresar a Perú, luego de mis años parisinos. Porque vuelvo a repetir que los viajes te cambian y ves en tu propia cultura, lo que antes no veías.
No pretendo dar clases de comunicación intercultural en este blog, solo compartir mis experiencias, de manera amena, porque es mejor reír que llorar en ciertos momentos de la vida. Y si de cuando en cuando caigo en estereotipos, pues pido disculpas. Espero que lo disfruten.

sábado, 27 de noviembre de 2010

NUEVAS CARTAS FINLANDESAS 21: EL ALCOHOL


Un amigo mexicano me preguntó hace unos días si era verdad que había tantos problemas relacionados con el alcohol  aquí en Finlandia. Lamentablemente debo contestar que sí.
Y no es que me horrorice. Todos sabemos que en nuestros países también se toma mucho. Pero como este chico mexicano reflexionaba, se debe en parte a la precaria situación que tenemos. En otras palabras realmente bebemos para olvidar: las cuentas que se vences, el poco salario, la inflación…
En un país que tiene el problema económico hasta cierto punto resuelto ¿Por qué se bebe?
No pretendo escribir una carta que sea un análisis científico del tema, no estoy capacitada para hacerlo. Sólo plantearé mis opiniones de lo que me resulta diferente entre un borracho finlandés y un borracho de nuestros lares.
Angel Ganivet en sus “cartas” ya había hablado del tema diciendo que le parecía injusto el monopolio del estado hacia el alcohol, pues este era un pueblo que sólo quería su dosis diaria de vodka para vivir en paz. Yo no estoy de acuerdo. No creo que la solución al problema sea darles a los finlandeses más libertad para beber. Pero el detalle del  “monopolio” me permite hacer mi primera remarca con respecto a la incultura etílica de este pueblo. Porque lo que debe quedar claro es que la mayoría no sabe tomar. Se emborrachan rápido y toman lo primero que les caiga en la mano.
Alko es el único lugar en donde se puede comprar bebidas con más de 4.5% de alcohol en este país. ¿Y qué es Alko? En una empresa administrada y supervisada por el Ministerio de Salud que tiene el monopolio de la venta de bebidas alcohólicas consideradas “fuertes”. Durante los años 1919 y 1932 la venta de alcohol estaba prohibida. En ese año se abrió la primera tienda. Ahora Alko cuenta con 337 tiendas en toda Finlandia. Abren de lunes a viernes hasta las 8 de la noche y los sábados hasta las 4. Como es lógico, entras a Alko sólo si eres mayor de edad. Pero tener 18 años no es suficiente para comprar alcohol de más de 22%. Para eso hay que tener como mínimo 20 años. Debido a este monopolio, las bebidas alcohólicas tienen por ejemplo unos precios exorbitantes en los restaurantes autorizados para la venta. La idea es por supuesto hacer que los finlandeses tomen conciencia y así controlen lo que beben. Yo pienso que el resultado es el contrario. Como el monopolio hace el acceso al alcohol difícil y caro, éste tiene un encanto a prohibido que lo convierte en el objeto del deseo.
Por lo general los finlandeses toman lechecita con la comida y si es piima (una espantosa leche agria) mejor. Y durante el fin de semana se desquitan tomando lo que caiga en sus manos.  Porque por el precio que pagan, nadie se va a poner con delicadezas.
Una vez en mi trabajo un profesor francés contaba las virtudes del último vino que había tomado. Un profesor finlandés intervino en la conversación diciendo que a él no le gustaban los vinos franceses. El primero se sintió evidentemente ofendido (¡Ay los franceses y su ego!) y empezó a decirle nombres y diferencias y la gran fama de los vinos franceses etc. El finlandés terminó la discusión diciendo que en realidad no le gustaban los vinos franceses porque cuando él tomaba lo hacía para emborracharse y no para catar o paladear o mirar el color de la bebida. Evidentemente los vinos franceses no lo emborrachaban lo suficientemente rápido para su gusto. Este es un buen ejemplo de la ya nombrada “incultura” etílica de los finlandeses.
Es verdad: toman para emborracharse, prefieren lo más barato y lo más fuerte que consigan. La bebida favorita en el “koskenkorva”, que honestamente sabe a querosén. La borrachera es el objetivo final que persiguen al ir a una fiesta. He aquí la primera diferencia de cómo tomamos nosotros. Es verdad que también nos emborrachamos en las fiestas, pero estoy segura de que NADIE va con esa idea. Vamos a ver a los amigos, a conversar, a comer, a bailar y claro, entre tanto tomamos y se nos pasan las copas. Las “fiestas” finlandesas son las más aburridas del mundo para un latinoamericano. ¿Recuerdan que les conté sobre mi primer año nuevo aquí? Pues eso fue lo que pasó. No había nada que comer (solo salchichitas cocktail y albóndigas insípidas, lo que parce ser el manjar oficial en las fiestas), nadie llevaba traje de “año nuevo”, solo tomaban y tomaban hasta caer. Y no, no estoy utilizando una imagen, lo digo en serio. Yo me fui antes de las 12:00. Mi hígado no lo aguantaba. Y no porque tomo poco, sino porque estaba echando humo de indignación. ¿No podrían por lo menos poner algo de musiquita?
Emborracharse está considerado como parte de la cultura. Los borrachos vienen con el paisaje. Los encuentras por todos lados: durmiendo en las calles, bebiendo en grupos por los pasadizos del metro, viajando en autobuses y vociferando groserías. Nadie pestañea. Una vez en el metro un borracho insultaba a quien pasara por su lado. Bajó en una estación en donde subieron unas jóvenes somalíes. De inmediato el metro se llenó de risas y grititos. La gente volteaba a verlas ofuscada. Los insultos del borracho no molestan porque son parte de la “cultura”, las risas de las somalíes sí.
Yo recuerdo que cuando vivía en Francia se consideraba un buen bebedor al que era capaz de tomar mucho sin mostrar rasgos de embriaguez. Aquí eso es inimaginable. Si tomas y no te emborrachas, entonces has gastado tu dinero por gusto. Por eso es imposible hacerles avergonzar de lo que hicieron borrachos. Eso se convierte en la última anécdota entre amigos, cuanto más embarazosa la situación, mejor. Alguien me comentó que se considera un buen bebedor a la persona que puede tomar el viernes y sábado sin parar e ir el lunes al trabajo como si nada. Esa persona también aceptó que éste es un juego peligroso que fácilmente hace caer en el alcoholismo.
La presión social para beber es muy fuerte. Estaba en un bar con amigos y de pronto decidí pedir una coca cola. Es mi técnica para no pasarme de la raya: cuando siento que ya he bebido demasiado, pido una bebida sin alcohol hasta que considere que puedo volver a beber algo más fuerte. Un amigo me preguntó: “¿Estás embarazada?”, la respuesta fue evidentemente no. Él me dijo que lo creyó pues estaba tomando la cola. Le expliqué mi “técnica” y me contestó: “¿Sabes? Se ve muy mal que alguien no tome cuando los demás lo hacen”. Yo le agradecí la información y seguí tomando mi coca cola sin inmutarme. Pero puedo suponer que si escuchas esa clase de comentarios durante toda tu vida, te afecta, te avergüenzas por no tomar e imitas a los demás.
Y la igualdad de sexos se da también en la bebida. No se crea que las borracheras sean exclusividad masculina. Las mujeres beben tanto como ellos. Recuerdo una celebración de primero de mayo en la cual una joven estudiante universitaria (es fácil reconocer a los universitarios por los sombreritos y los monos con parches que llevan) bella y joven que cayó al suelo golpeándose la cabeza con el borde de la calzada. Sus amigos la ayudaron a levantarse y tras comprobar que no sangraba, le ofrecieron otra cidra.
La primera experiencia sexual está también ligada muchas veces al alcohol. Una compañera de estudios de mi hija contaba sin empacho que “no recordaba” con quién  había perdido la virginidad. Por supuesto, estaba borracha.
Esto me lleva a la segunda razón por la cual yo creo que los finlandeses beben tanto. Es un tema del que ya he hablado: la incomunicación.
Yo viví en París durante 5 años en los 80. Cuando después de mucho tiempo viajé a esa ciudad que me encanta, regresé a Helsinki comentándole a mi marido “¡Que gusto da que un hombre te detenga en la calle para decirte que eres tan hermosa que quisiera invitarte a cenar… y que no esté borracho!” Porque en este país sólo los borrachos se atreven a abrir la boca. Es únicamente en ese estado que se atreven a flirtear, hacer un halago o simplemente hablar. Se comenta justamente que la mayor parte de los crímenes en Finlandia ocurren durante las bodas en el campo. Es cuando las familias se emborrachan y dicen lo que no deben. Es muy común que la cosa termine en tragedia.  
Pero no se crea que toman para poder comunicarse, eso les sucede de causalidad. Otra cosa que hace la gran diferencia entre tomar en América Latina y en Finlandia es que les gusta tomar solos. A mí eso me aterra. Todos sabemos que tomar solo significa tener problemas. Para ellos es lo más normal del mundo. Qué mejor manera de emborracharse rápido se puede encontrar. Si tomas solo no compartes.
Felizmente la sociedad cambia. Es verdad que aún hay muchos jóvenes que toma, pero también los hay abstemios. Las nuevas generaciones son más sociables. No necesitan darse valor para hablar con un desconocido. Por otro lado hay un auge de formas alternativas de vida ligadas a la salud: vegetarianismo, hacer deporte, etc. Pero también creo que tiene que ver en el asunto el hecho de que esa juventud ha visto los estragos del alcohol en sus padres. Ellos no quieren caer en lo mismo.
Fotos de   Pekka Niittyvirta


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